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Sangre Rebelde
02-Aug-2006, 22:17
LA RELIGIÓN Y LA MORAL
(Tomado del periódico MASAS # 2003, 28/julio/2006. Órgano del Partido Obrero Revolucionario, Bolivia)

Los curas se auto-declaran depositarios de la moral. En su afán de conservar en sus manos el control del gran negocio de la educación privada y de convenio con la que se hacen ricos y su monopolio en la deformación del espíritu humano con el dogma religioso, sostienen que la escuela laica sin enseñanza religiosa producirá ciudadanos sin formación moral, sin valores.

¿De qué moral hablan los curas?. La practica moral de todas las iglesias, tanto de la católica como de la infinidad de sectas cristianas, es la hipocresía. Predican el amor entre los hombres, pero viven pegados a los opresores perdonándoles todos los pecados, bendiciendo todas sus maldades, mientras inculcan en los pobres, a los que dicen amar más que a los ricos, la resignación ante los tormentos de la explotación de que son victimas en esta vida.

Atacan el espíritu humano haciéndolo sentir culpable por todo de modo que se sienta merecedor del castigo, sufrimiento y de todos los males que caen sobre él en este “valle de lagrimas”, y los soporte sin protestar. Desde la más tierna infancia se le hace sentir culpable hasta de haber nacido (nacemos con pecado original), a la mujer por encarnar la tentación para el pecado, al adolescente por el despertar del instinto sexual, base de la continuidad y desarrollo de la vida. Por eso la religión es el opio del pueblo, porque adormece y destruye el espíritu del hombre.

Predican los curas hipócritas el desprecio a los bienes materiales, ensalzan la pobreza como una virtud, hablan del servicio al prójimo, pero son los más hábiles negociantes, implacables materialistas (en el sentido de afectos a los bienes materiales) cuando de dinero se trata. Todas las iglesias son verdaderas corporaciones transnacionales especializadas en convertir en oro la angustia y el sufrimiento de los hombres.

Dios es un instrumento de opresión de los explotadores, los curas sus operadores. Detrás de la cara teatralmente bondadosa con la que se presentan ante los desheredados de este mundo se esconde la voluntad del opresor enseñando al oprimido a relegar su derecho a la felicidad para otra vida.